sábado, 12 de junio de 2010

ASÍ SON LAS MAESTRAS...

Al final una acaba sabiendo que es verdad la leyenda aquella que habla de las maestras, las que fabrican nubes con elixires mágicos y que modelan niños con barro de azúcar;

las que tras un largo peregrinaje de cimas inocentes, se recogen en sus casas a enhebrar estrellas o a abordar chisteras con lentejuelas doradas.

Son las mismas que se acicalan las manos con ungüentos milenarios para ofrecer la caricia precisa en la justa austeridad del silencio, mientras erigen trampolines invisibles
en el recreo locuaz del calendario.

Se les reconoce siempre por ese aroma a infancia recién descosida desmembrada de úteros fidelísimos y enamorados, y se les ve sonrerír, en instantes íntimos, aleteando mariposas y amapolas.

Tienen la piel curtida de los héroes anónimos que habitan la distancia por eso, en las noches de luna llena, emergen de sus pupitres con armaduras de violines y espadas de rosas blancas.

Nadie sabe qué hacer con ellas cuando brotan del polen y las raíces,cuando aletean, ociosas, entre los rayos tempranos de las pizarras desiertas, de los valles anegados en acuarels y grafitos azules.

Así son las maestras:
una laguna al principio de la vida donde navegar por la placidez de la infancia.

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